Ya era tarde, el frio aumentaba con la oscuridad, un mes de febrero frio como de costumbre por estas tierras tan cálidas, tal vez algo mas frio que los últimos años, debido a la llegada de corrientes de aire siberiano, según preconizaban los medios en las noticias, pero nada de otro mundo, como he dicho antes una tarde fria de mediados de febrero, en la radio se escuchan canciones dedicadas, un programa que parece sacado de otro tiempo, y que inexplicablemente sigue con una audiencia elevada, sobretodo en empresas como la mia, donde los operarios trabajan desde sus puestos, de forma monótona y continua, tapiceros, montadores, lijadores y pintores de pulimento, una cadena continua y aburrida, con un ritmo y una cadencia al compás de la emisora en cuestión. Donde el frío se cala en los huesos, y los pequeños radiadores que mantienen los empleados no caldean, ni tan siquiera a los dueños que se encuentran a un metro de ellos...por fin las ocho, toca la sirena y después de un recuento de ultimo momento levanto la cabeza para ver como se van despidiendo todos, mientras se abrigan hasta las cejas y saludan conforme pasan por la ventanilla de mi despacho, han salido todos menos el pulimentador.
un día mas, se alarga la jornada desde la sirena de las ocho de la mañana y con apenas hora y media para comer, otro dia de trabajo que parece que no se acaba. Salgo de la oficina y un helado cambio de temperatura recorre mis huesos, si antes tenia frio, ahora la sensación es glacial, después de recorrer toda la nave, en silencio veo a lo lejos a Toni, limpiando la pistola, Es muy importante tener el material a limpio y a punto, sus ingresos dependen de su productividad y de su comisión, pero ya es la hora y desde las 8 de la mañana, como mencionaba antes, ya esta bien.
Además no esta el jefe y no hay por que alargar la jornada innecesariamente, desde la seis de la tarde no suena el teléfono, los clientes están en horas de venta...aunque sean pocas las visitas, ahora es el momento de recibirlas en sus pequeñas y bien decoradas tiendas, nuestros clientes están sufriendo la crisis de consumo de manera espectacular, la fabricación lo nota, pero con tenemos trabajo debido a la planificación de las ventas, yo creo que nos quedaremos con la mayor parte de producción, pero mi opinión no cuenta, al fin y al cabo yo estoy para controlar y contabilizar no para dirigir ni sugerir, eso si, cuando es la hora, es la hora.
Asi que le recuerdo al pulimentador que esta noche hay futbol, a mi no me importa, pues no es un deporte que siga con mucho énfasis, pero se que el es un gran aficcionado y un magnifico seguidor del equipo de la capital, solo con nombrar el futbol, le cambia el semblante y de un serio y preocupado semblante se ilumina la expresión y el brillo de sus ojos demuestra su alegría e ilusión, pues tiene fundadas esperanzas que su equipo pase la eliminatoria, Yo no se si es una partido de Copa del Rey o de la UEFA, tampoco me importa, aunque simulo que estoy interesado, por empatizar con mi compañero de trabajo, pues compartimos las interminables horas y al mismo jefe, que es quien nos paga a final de mes.
ocho y cuarto, toda la fabrica esta cerrada y las luces apagadas, dejamos la correspondiente luz de emergencia y la alarma puesta. ya en la puerta el aire congela mis manos y mi cara y al entrar al coche, veo que estamos a 2 grados de temperatura, bueno tampoco es para tanto... pero es que en Valencia no estamos acostumbrados a estos fríos, yo desde luego que no, claro que si ademas del abrigo llevase algún suéter de lana, estaría mas caliente, pero con mi camisa y un fino chaleco de punto... es normal mi malestar, poco a poco tomo conciencia y el motor del coche también se acuerda de arrancar y salir del polígono en dirección al cálido garaje, o eso pensaría el coche si pudiese, yo preocupado por dos anotaciones del banco, en las que el marcado color rojo me indicaba que algún buen cliente se había olvidado de dotar de fondos suficientes sus cuentas, para atender como debiera mi recibo... y lo peor es que como el importe viene a ser siempre el mismo, no había podido descifrar todavía quien era aquel olvidadizo cliente, en el banco estaban tan ocupados que no pudieron darme mas información y aunque yo tenia mas o menos claro de quien podía tratarse, pues toda la tarde me ocupe de revisar las remesas y aun después de haber localizado los importes, sin una confirmación del banco por escrito no podía llamar al cliente, para recordar le que me había hecho una gracia enorme, que el director de mi banco me llamase y no precisamente para saludarme, aquel frío día de febrero.
Esa era mi labor, y como esa muchas labores mas dedicaban mi atencion siempre pendiente de las cuentas y de los saldos.
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