Ya finalizó la mejor fiesta del mundo, no podía decirlo de otra manera un valenciano y fallero como yo, pero lo cierto es que después de la música, las luces y el fuego...llega otra vez la realidad, nos hemos divertido y hasta en ocasiones hemos podido olvidar puntualmente la triste y dificil situación que nos envuelve.
Momentos de ilusión y de emoción, risas y alegrías, trajes y canciones, bebida y mas bebida, momentos vividos con intensidad, momentos alegres de las fallas pasados en buena compañía, pero lo que mas me alegra es comprobar que tras las dificultades, los problemas y hasta alguna discusión, se olvidan y al final lo que queda es un regusto emocionante, tal vez melancólico deseando que vuelvan de nuevo las maravillosas fiestas, para así poder compartir de nuevo momentos tan emocionantes como los vividos, ahora en la frialdad de la vuelta a la realidad, podemos analizar los errores, los malos gestos o los descuidos, ahora podemos reflexionar y pensar que debemos mejorar, que podemos cambiar y ahora ya tenemos que pensar en el presente, ya no sale la banda de música, ahora tenemos que ver los platos rotos y salir nosotros cantando o contando los gastos habidos y no pagados, volvemos a la realidad de ser conocedores de una cruel verdad, que nos arrastra a un mar de dudas, de situaciones insostenibles y la fiesta terminó el cava se derramó, y nos vemos las caras y aún sin decirlo todos reconocemos que nos hemos divertido, la realidad del dia a dia nos recuerda una vez mas que la fiesta terminó, después de unos años de vinos y rosas, ahora toca pagar la fiesta, y no hay un duro...como se decía antes, no queda nada, lo gastamos todo hasta lo que no teníamos y lo peor de todo es que mucho de lo gastado lo han disfrutado otros, lo que es seguro es que siempre pagamos los mismos, podemos protestar y con derecho...pero creo que todos sabemos que en el fondo, estamos obligados a pasar por el aro, los sacrificios presentes y futuros no son mas que el principio de la salida de la crisis, y reitero han sido otros los que se bebieron el vino, fueron otros, los mismos que siempre gastan y disfrutan. No, no es justo y nunca lo ha sido, pero siempre ocurre igual.
Sí, la fiesta terminó. Y es cuando recordamos la grandeza de esta fiesta, de esta auténtica locura que nos envuelve, nos atrapa, nos hechiza tan sólo una vez al año. Y que resulta muy difícil de entender para mucha gente. ¡Qué suerte tenemos de participar en ella, de disfrutarla!
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